Standard & Poor’s, desprestigiada hasta en película, The Big Short, aprieta a Colombia por guiar su economía a atacar el coronavirus y la crisis petrolera

 Esta calificadora no vio en 2008 desmoronarse al cuarto banco más importante de Estados Unidos, Lehman Brothers, pero ahora está presta a degradar a Colombia por echar mano de lo que tiene a su alcance para afrontar el horror mundial del coronavirus, además del inesperado derrumbe de los precios del petróleo y de la migración venezolana. El país, solamente por allá en 1821, cuando era Gran Colombia, quedó mal en el pago de su deuda externa por una embarrada de un diplomático venezolano. Desde entonces es “buena paga”. Ahora S&P le lanzó un ultimátum demoledor sobre su nota crediticia, porque debe subir su endeudamiento aún más por la tragedia de la peste proveniente de China, como si ningún país estuviese en la misma tónica. Argentina se da el lujo por enésima vez de no pagar su deuda externa y no le pasa nada.

Por Héctor Hernández M. 

Primera Página - Agencia de Noticias -

Bogotá.- En las oficinas de Standard and Poor’s, en Nueva York, todos los empleados deben estar yendo, de seguro ninguno con tapa bocas, ni con guantes de látex, de pronto sí se deben lavar sus manos (esa es la especialidad de esta calificadora), porque para ella el coronavirus no existe y está convencida de que las economías del mundo, en especial las emergentes como Colombia y México, no han sufrido un ápice por este microorganismo, que tiene en jaque a toda la humanidad.

S&P cree que a países como a Colombia se le debe mirar con el mismo rasero, como si nunca hubiese existido el Covid-19 y por eso sus exigencias son casi las mismas a las que venía esgrimiendo tímidamente tres meses atrás, cuando lo de la peste del coronavirus era apenas un cuento chino.

Pero cuando el mundo esperaba que actuara, y alertara de la catástrofe que estaba por venir, S&P y sus pares fueron ciegas, permisivas y cómplices, al fin de cuentas, participando así de Una de las crisis financieras que más daños ha causado a todos los mercados financieros internacionales.

En la crisis hipotecaria de 2008, no vieron, o mejor, no quisieron ver, con lo que ocurría ante sus ojos. Sólo fue innegable el escándalo cuando detonó en Estados Unidos con la caída en bancarrota del cuarto banco de inversión, Lehman Brothers, el lunes 15 de septiembre de 2008.

Los orígenes de la crisis de los subprime, en su momento calificados con AAA por las agencias, se encontraron en una burbuja especulativa derivada de la sobrevaloración de los precios de las viviendas en Estados Unidos.

Y no fue sólo S&P, JP Morgan tuvo que pagar una multa de más de US$13.000 millones por haber ofrecido a inversionistas privados e institucionales hipotecas que la entidad sabía que tenían grandes posibilidades de ser irrecuperables durante la burbuja inmobiliaria de la década pasada.

Fue tal el desprestigio de Standard and Poor’s que Hollywood le dedicó un aparte en la película The Big Short, en la que se describen varios de los factores clave en la crisis financiera.

 


Fue inspirada en el libro The Big Short de Michael Lewis.

La película no es más que el fiel reflejo de la realidad. Las calificadoras fueron permisivas en 2008, pero ahora una de ellas, S&P, le da a Colombia un ultimátum demoledor por buscar los mecanismos para salir a flote de la crisis, con lo que hay a la mano, así esto llegase a implicar un mayor endeudamiento.

De nada le sirvió al país antes Standard and Poor’s su historial crediticio brillante. En vano ha sido la disciplina financiera que le ha permitido honrar siempre sus obligaciones financieras. Pareciera que para agencias como S&P es más valioso anunciar sin titubeos que no se continuará pagando la deuda externa, como ya lo hizo Argentina, que echar mano de lo que está al alcance para seguir siendo “buena paga”.

Y es que la decisión de poner en negativo el outlook de Colombia, hace pensar que S&P aún está en 1821, no avanzó, y en realidad califica es a la Gran Colombia, aquella que tuvo un diplomático venezolano, Luis López Méndez, que le pidió dos empréstitos a Londres por 75.000 libras esterlinas, sin haber consultado con el Gobierno, lo que casi termina con una intervención armada de Inglaterra a Colombia.

Fueron inútiles las recomendaciones de los gurús de la economía colombiana, que buscando remar todos en el mismo sentido, le dieron un pliego de recomendaciones al ministro Alberto Carrasquilla, para que éste tomara las que a su juicio, fuesen las mejores alternativas.

Una bofetada, y un llamado a no perder tiempo, les dio S&P a Armando Montenegro, Carlos Caballero, José Antonio Ocampo, José Darío Uribe, Juan Camilo Restrepo, Juan Carlos Echeverry, Luis Fernando Mejía, Mauricio Cárdenas, Óscar Iván Zuluaga, Roberto Junguito y Ximena Cadena, quienes en un encuentro virtual inesperado promovido por Fedesarrollo hicieron un fuerte llamado a tomar decisiones más agresivas.

Las peticiones al Ministerio de Hacienda fueron las siguientes:

1. El déficit fiscal debe aumentar.

2. La Regla Fiscal debe acomodar un espacio adicional.

3. Pensar en una suspensión transitoria de la Regla Fiscal.

4. Se debe eliminar, o al menos posponer, algunas de las normas de la reforma tributaria del año anterior.

5. Hay que acudir a créditos con organismos multilaterales y la banca internacional.

6. Se deben expedir normas en el contexto de la emergencia para que los departamentos y municipios dirijan sus recursos de regalías a las inversiones y gastos de salud que se realicen en sus territorios.

7. Hay que estudiar la posibilidad de suspender temporalmente algunas cargas al empleo para abaratar el costo de la nómina y evitar despidos masivos.

8. Suspender temporalmente los parafiscales que hoy van a las cajas de compensación.

Para el Banco de la República:

9. Permitir compras definitivas de títulos de deuda privada.

10. Reducir la tasa de intervención.

11. En cuanto a la liquidez en dólares se reiteró la importancia de renovar la Línea de Crédito Flexible (FCL) con el FMI.

12. Explorar la posibilidad de que Colombia sea incluido junto con Brasil y México en el mecanismo de swaps con la Reserva Federal.

No resta más que esperar a ver si las demás calificadoras siguen los pasos de S&P o si tendrán en consideración que la pandemia del coronavirus hace presencia en más de 180 países, lo que a todas luces, no estaba en las cuentas de nadie, como tampoco lo estaba un barril de petróleo a US$26.


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